MANIFIESTO CÍVICO A LOS COMUNISTAS CUBANOS


El anuncio informal de la realización del VI Congreso del PCC, a celebrarse en abril de 2011, ha venido acompañado por la publicación de un Proyecto de Lineamientos en el que se resumen los tópicos sobre los que versará la más importante reunión del partido único cubano. Este documento contiene aspectos positivos, especialmente aquellos donde se evidencia la comprensión de la profunda crisis estructural por la que está atravesando el país y los que indican la dirección en que realmente se encaminan las soluciones propuestas, pero sus limitaciones, su carácter unilateral y sectario, y la injustificable omisión de temas de raigal importancia para el presente y el futuro de la nación, nos ha motivado a pronunciarnos sobre fundamentos básicos que no han sido considerados por la máxima dirección del PCC, sin cuya inclusión no parece posible avanzar en la profundidad y a la velocidad requeridas.

Algunos de estos fundamentos son:

  • El proyecto es una camisa de fuerza confeccionada inconsultamente, destinada a truncar el debate sobre los problemas que aquejan a todos los cubanos y que abarcan todas las esferas de la vida nacional. Es el esbozo de una agenda que, al no existir las libertades y derechos esenciales de una democracia, excluye la participación ciudadana en sus propuestas.
  • No se concibe que un partido político evada el debate político y a la vez intente mantener sometida la economía a la ideología, método que ya demostró su inviabilidad a lo largo de medio siglo.
  • La situación actual refleja con toda claridad dos posibilidades: o bien el modelo cubano es irrealizable, o el gobierno ha malogrado su aplicación; por tanto, se impone la imprescindible autocrítica donde se plasme el reconocimiento oficial del fracaso del modelo seguido hasta el momento y la responsabilidad de los gobernantes en su implementación.
  • Si el modelo fracasó, no resulta racional actualizarlo, sino cambiarlo, lo que implicaría también someter a consulta popular el cambio de protagonistas.
  • Las medidas que el gobierno ha venido proponiendo en los últimos tiempos a fin de revertir la crítica situación socioeconómica nacional resultan atemporales, anacrónicas y a todas luces insuficientes debido a que adolecen de falta de realismo. La crisis cubana no se revertirá en tanto no se reconozca la incidencia que ha tenido en el fracaso del modelo las concepciones aplicadas en el tema de la propiedad y hasta tanto estas no se modifiquen profundamente. Esto deberá venir aparejado de la necesaria inclusión de los nacionales en los procesos inversionistas que se proponen. Mantener el sistema de exclusión de los cubanos –lejos de potenciar la productividad y el avance económico– constituye un freno al desarrollo productivo.
  • Cualquier tentativa de mejorar la situación en Cuba pasa por la plena implementación de los Derechos Humanos en su carácter indivisible, cuyos Pactos, firmados en febrero de 2008, aún no han sido ratificados por el Gobierno. La consumación de esta conquista no solo implica la liberación incondicional de todos los presos políticos, sino una profunda modificación jurídica que conlleve la despenalización de la discrepancia política.
  • Ya se ha rebasado el tiempo límite para la aplicación de reformas parciales. Ninguna reforma en Cuba puede circunscribirse a la esfera de la economía interna debido a que la crisis abarca todo el sistema en su conjunto. Se requiere, pues, de propuestas de carácter integral que no pueden dimanar exclusivamente del partido gobernante, que ni siquiera se ha propuesto un nuevo Programa para sustituir al anterior -fruto del III Congreso de 1986- incumplido y olvidado.
  • Cuba está urgida de superar la filosofía de la supervivencia. Los pueblos aspiran a vivir y a prosperar, no a resistir. Los cubanos tienen derecho a prosperar con el producto de su esfuerzo. Se impone desterrar la demonización de la prosperidad.
  • Cualquier nuevo modelo que se proponga debería proclamar enfáticamente la finalización del llamado Período Especial y el inicio de una etapa de normalidad, basada en principios consensuados en los que se pueda confiar, como parte de un nuevo pacto social.
  • El gobierno cubano ha reconocido implícitamente que el país depende económicamente del capital exterior. Sin embargo, la colaboración exterior solo debe estar condicionada al cumplimiento de los principios reconocidos internacionalmente de respeto a los derechos y plena participación ciudadana, de los que hasta hoy carecen los cubanos. Ningún inversor puede venir a enriquecerse como consecuencia de la ausencia de derechos en Cuba. Paradójicamente, la violación de estos principios le hace perder sentido a las intenciones de instaurar la justicia social a partir del sistema socialista.
  • El modelo actualizado que propone el Gobierno no es “un modelo para el hombre”, sino que propugna “el hombre para un modelo”. El hombre se subordina a los intereses económicos e ideológicos del partido gobernante. Al mantenerse la condición sacrificable de los individuos en este sistema queda sentado que no estamos ante un modelo humanista.
  • No es posible lograr avances económicos al margen del intercambio y del libre acceso a la información. El monopolio gubernamental sobre las redes de información niega las potencialidades de un pueblo que alcanzó elevados índices de instrucción y constituye una violación de sus derechos.

La ausencia de alternancia, el nepotismo, la falta de límite en la permanencia en los cargos públicos se convierte en freno al desarrollo. La responsabilidad ante los fracasos unida a la acumulación de intereses por parte de un grupo instaurado a perpetuidad en el poder, tiende a perpetuar también la crisis cubana y torna irreversible el colapso del sistema. La realidad demanda una reforma en este plano para que la existencia de otras alternativas políticas fuercen al gobierno a cumplir exitosamente su gestión al frente de los destinos de la nación.

Firman este manifiesto, el 1ro de diciembre de 2010

Dimas Castellanos

Miriam Celaya

Reinaldo Escobar

Rogelio Fabio Hurtado

Eugenio Leal

Rafael León

Rosa María Rodríguez

Wilfredo Vallín

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CUBA: ¿UN NUEVO MODELO ECONÓMICO?

por José Antonio Quintana de la Cruz

Se ha puesto a circular, para su discusión pública, el proyecto de lineamientos de la política económica y social que discutirá el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba. Hay quienes opinan que no contiene nada nuevo, que no propicia cambios sustantivos y que es más de lo mismo pero matizado con tonos que han sido impuestos por el desempleo masivo y la crisis; que son modificaciones coyunturales de salvamento. Parece que visto desde expectativas fundadas más en deseos que en apreciaciones sobrias de la realidad esto puede ser cierto. Pero a mi no se me ha ocurrido nunca que el partido comunista vaya a discutir en un congreso la abolición del socialismo y la transición hacia una economía de mercado capitalista.

Un análisis objetivo del documento revela que el mismo contiene novedades sustantivas. Pero es necesario definir qué es novedoso. Para este redactor novedoso es todo lo que aparece en el proyecto y que no existía o no se permitía en el modelo que se intenta superar o modificar; o actualizar, como prefiere decir el discurso oficial. De acuerdo con este criterio el veinte por ciento de los lineamientos contiene novedades que pueden inducir cambios en el funcionamiento o en la cualidad del sistema. El ochenta por ciento restante propone rectificar insuficiencias e imperfecciones de larga data.

Es evidente que el documento propone una diversificación y ampliación de las relaciones de propiedad, las que en términos marxistas constituyen relaciones de producción. Se reconoce el derecho a la existencia de pequeñas empresas en diversos sectores de la economía, sin límites en la contratación de personal en las mismas. Aparecen las figuras de arrendador, arrendatario y contratista. Se amplía el área de acción de las cooperativas al transporte, el comercio y otros sectores, en tanto que se les otorgan libertades y prerrogativas de que carecían y sin las cuales serían una ficción.

El hecho de que puedan concurrir, producir y vender, amparados por la ley, propietarios individuales y asociados; de que se creen empresas para abastecerlos e importar lo que demanden, junto con el otorgamiento de créditos a los mismos por parte de los bancos; el hecho de que estas empresas privadas se relacionen mercantilmente con las empresas estatales y con la población, crea un mercado, embrionario e imperfecto, pero mercado que ya no será la variable reprimida de la economía sino una necesaria y jurídicamente protegida.

Lo anterior es nuevo en Cuba. A mi entender, este experimento social, repone el viejo debate sostenido entre Von Mises y Oscar Lange acerca de la posibilidad de realizar un cálculo económico real y eficiente en una economía socialista. Como se sabe, Lange creía que el mercado regulado y subordinado a la planificación haría posible el cálculo económico en el socialismo. Von Mises aseveraba que era imposible porque el socialismo era un error humano. China ha aportado experiencia al debate teórico. En el gran país asiático hay un socialismo de mercado en el cual se realiza un eficiente cálculo económico y en donde el carácter socialista está más vinculado a las formas de distribución diseñadas por el partido y el estado que por la estructura de propiedad con la que se produce.

Pero los lineamientos en discusión no plantean un socialismo de mercado en Cuba sino socialismo con mercado. Este, según el proyecto, será un socio minoritario en la empresa social y estará subordinado a la planificación que continuará siendo la forma principal de movimiento de la economía y sus relaciones de producción. Una planificación que, dicho sea de paso, para que pueda dejar de ser ineficaz en el sentido de no garantizar proporcionalidad y equilibrio en la economía, deberá cuidarse de no ser totalitaria y autoritaria, y sí flexible, coordinadora y cooperadora, y con reservas.

El reto a que se enfrenta la planificación cubana es grande no solo porque deba conciliar los métodos de prospección estadísticos y las estrategias de escenarios estatales con las señales de precios emitidas por el mercado, sino porque las libertades, es decir, el grado de autonomía que el proyecto de lineamientos otorga a las empresas del estado, las convierte en sujetos económicos generadores de decisiones y responsables de su éxito o fracaso. Según el proyecto, a las empresas estatales no se les podrá imponer un plan, ni podrán ser intervenidas sus ganancias, ni el estado podrá inmiscuirse en su administración directamente. Se supone que el partido tampoco.

Las empresas estatales con pérdidas sostenidas serán liquidadas. Esto también es novedoso. Pero debe definirse cuánto tiempo implica “sostenidamente”.

El lineamiento número tres, que prohíbe la concentración de la propiedad sin mencionar excepciones, contradice el veintinueve que la autoriza en las cooperativas, el que a su vez contradice el veintiséis. Tal vez sean contradicciones intencionadas, dirigidas a promover la discusión. Ojalá.

La prohibición de la concentración de la propiedad puede estar dirigida a impedir la formación de oligarquías, lo que en Rusia fue desastroso. O puede estar encaminada a proteger la libre concurrencia, favoreciendo la competencia y sus benéficos efectos en los precios y la calidad de los productos, así como en la creación de puestos de trabajo en una sociedad que tanto los necesita. Si existiera la motivación de estorbar por esa vía la concentración de la producción privada y con ello la reproducción del capitalismo según la escuela leninista, entonces se estaría condenando a priori a ese sector de la nueva economía al estancamiento.

Pienso que si todo lo que indican o sugieren los lineamientos se hace, la economía de Cuba será más sólida y eficiente. El problema es que los cubanos están acostumbrados a acordar maravillas, a discursear con argumentos y lógica, y luego a hacer las cosas violando y burlando, velada o descaradamente, lo que se acuerda o dice. Es una corrupción de la costumbre de ser serios y asumir compromisos con responsabilidad, unida a la generalizada indisciplina social de la que no escapa nadie.

Concluyendo, los lineamientos proyectados proponen un modelo de economía socialista planificada con presencia de empresas estatales, cooperativas y privadas con predominio de las primeras y en la cual funciona un mercado regulado en que intervienen todos los tipos de agentes económicos permitidos por la ley. Puede gustar o no este modelo, pero no es más de lo mismo. Desata fuerzas reprimidas hasta ahora. Introduce variables de cualidades inéditas. Emplea medidores de eficiencia y control que se miraban con ojeriza ideológica. Crea espacios para el ejercicio de la libertad y responsabilidad empresarial. Y tiene defectos y limitaciones que sus promotores han solicitado criticar. Es lo que hago: ser constructivo.

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¿Un olvido involuntario?

Por Miriam Celaya González

El Proyecto de lineamientos del PCC destinado a ser el soporte de los “debates” del VI Congreso (abril de 2011), ha resultado ser una agenda que destaca especialmente por sus relevantes omisiones. Sorpresiva e informalmente anunciado en medio de las cada vez más claras señales de agotamiento del sistema socialista cubano, el muy postergado congreso parece lanzar en los referidos lineamientos, más que una guía temática para el cónclave, una lamentable señal de auxilio incapaz de ofrecer siquiera la ubicación exacta del naufragio para los que decidieran hacer un eventual rescate. Eso, y ciertas perversas intenciones, parecen insinuarse en su texto.

Mucho se ha escrito en los medios a propósito del Proyecto de Lineamientos; fundamentalmente en espacios alternativos y en el exterior de la Isla. La prensa oficial, como vocero del régimen, y los “simpatizantes” de acá dentro, por su parte, compiten a porfía en sus apologías triunfalistas de siempre, aunque en general no logren imprimir el necesario hálito de credibilidad a su entusiasmo. Los eufóricos panegiristas han descubierto un nuevo tipo de periodismo: la carcajada lúgubre; y habrá que entenderlos, porque no resulta fácil asirse a la realidad miserable de Cuba y a un lamentable montón de infinitivos encerrados en un folleto para imaginar el futuro luminoso que –de sobra lo sabemos ellos y nosotros– nunca nos ha de llegar de la mano de este sistema.

Pero, más allá de las exclusiones ex profeso y de la ausencia de participación ciudadana en su concepción –habida cuenta de la inexistencia en Cuba de libertades y derechos propios de sociedades democráticas–, habría que ver las propuestas de los lineamientos más por las intenciones que no confiesan que por sus ínfulas de salvadoras-del-socialismo-la-patria-la revolución. A mí, en lo personal, todo el folleto de marras me sugiere aquella botella o ánfora al estilo Mil y una Noches, de la que saldrá el genio –esta vez invocado por el General Raúl– y convertirá de golpe y porrazo a toda la Isla en la misma hacienda, pero esta vez parcelada en feudos que deberán atender y poseer señores feudales primorosamente ataviados de verde olivo, quienes continuarán manteniendo relaciones de vasallaje con el reyezuelo heredero y su enajenado hermano mayor. Huelga decir que los siervos de la gleba seguirán siendo también los mismos. Es solo una imagen novelada que, de seguro, tiene muchísimos capítulos ocultos.

Sin embargo, existe una omisión que me resulta extremadamente significativa, y es la del Decreto-Ley Número 272 (Gaceta Oficial No.033 Ordinaria de 13 de agosto de 2010, Año CVIII. Web: http://www.gacetaoficial.cu), que entre sus Disposiciones Finales establece que “A los fines de ampliar y facilitar el proceso de participación de la inversión extranjera en el turismo internacional, resulta conveniente modificar algunas de las regulaciones sobre el Derecho de Superficie, de manera que brinde mayor seguridad y garantía al inversionista extranjero en los negocios inmobiliarios, en función del desarrollo sostenible del país y de la economía nacional.” Y a tales efectos dicta el Decreto-Ley Número 273, en el que se modifican los artículos 221 y 222 del Código Civil, correspondientes a la Ley No. 59 de 16 de julio de 1987. Es así que el Artículo 222 de la referida Ley quedó redactado de la siguiente forma:

ARTÍCULO 222.1.-El derecho de superficie puede concederse por un término de hasta noventa y nueve años. 2. Cuando el derecho a que se refiere el apartado anterior se otorgue por un período inferior puede ser prorrogado hasta dicho término, en virtud de la solicitud formulada por el titular, antes de la fecha de su vencimiento. 3. El Estado puede entregar también en derecho perpetuo de superficie terrenos de propiedad estatal mediante el pago del precio correspondiente, a empresas o sociedades mercantiles nacionales, para la construcción de viviendas o apartamentos dedicados al turismo.

Lamentablemente, no puede decirse que la asombrosa cultura de la que alardea el pueblo cubano incluya la cultura jurídica. Aquí la población se aburre, se atolondra y hasta se asusta cuando se le habla de leyes y de derechos. Es algo con lo que ha contado siempre el gobierno y que le pone en condiciones de “legitimar” cualquier movimiento de acomodo a su favor. Antes de discrepar, quienes se sientan ofendidos por este criterio solo deben recordar, por solo citar algún ejemplo, que el programa del Moncada incluía la restauración de la Constitución de 1940, suspendida –también a su conveniencia– por Fulgencio Batista tras el golpe de estado de marzo de 1952; que ya en el año 1960 Fidel Castro declaró “cumplido el programa del Moncada” sin haber restablecido la Constitución y no fue sino hasta 1976 que se implantó una nueva Carta Magna para Cuba, después de haber barrido con toda la institucionalidad que se había creado a lo largo de la República, a fin de legitimar todas las transformaciones revolucionarias inconsultas. De todas formas, la nueva legalidad tuvo un carácter meramente formal pues el país continuó hasta hoy dirigiéndose (que no gobernándose) por puros caprichos hormonales del dictador. En definitiva, los cubanos estuvieron 24 años en pleno siglo XX sin Ley Fundamental que refrendara sus derechos y hasta el momento actual padecemos de una espeluznante orfandad legal, debido a que tampoco tenemos instituciones que nos amparen al margen del Gobierno.

Es por esto que, entre las muchas omisiones del Proyecto de Lineamientos, nadie parece haber reparado en que –si bien hay una tímida referencia al Decreto-Ley 259, que otorga a los campesinos tierras ociosas del Estado, en usufructo por un plazo de diez años– no hay ni la menor mención al Decreto-Ley que pone a potenciales empresarios extranjeros en la extraordinaria ventaja sobre los nacionales de arrendar por 99 años territorios cubanos; una especie de Enmienda Platt de nuevo tipo: la Enmienda Castro, ya que es el propio gobierno de la Isla el que, olvidando sus socorridas perretas por la devolución de los territorios de Guantánamo “ilegalmente ocupados por el imperialismo yanki”, legaliza la entrega de territorio nacional a arrendatarios extranjeros (incluyendo a esos propios imperialistas), lo cual no sería real ni necesariamente una medida de signo negativo si no fuera por la persistente exclusión de los cubanos de su beneficio.

El punto 3 del referido Artículo 222.1 también refrenda el derecho perpetuo de terrenos de propiedad estatal, previo pago de su valor, a “empresas o sociedades mercantiles nacionales, para la construcción de viviendas o apartamentos dedicados al turismo”. Todos sabemos en manos de quiénes están esas empresas o sociedades en Cuba. Naturalmente, sería muy incómodo para los octogenarios jerarcas explicarle a la masa subordinada por qué las libertades económicas de los cubanos comunes se limitan a la producción de viandas y hortalizas por una década en una pequeña parcela o al negocito de timbiriches para la supervivencia, mientras los malvados capitalistas (extranjeros) pueden construir hoteles en nuestro propio territorio y tener el privilegio de 99 años de arriendo –lo que, según el viejo discurso oficial, compromete seriamente la soberanía nacional–, y mientras la nueva clase gerencial-militar tiene franquicias incluso de propiedad sobre terrenos hasta ahora estatales. Más difícil aun sería armonizar estas prebendas con la renuencia oficial a reconocer las relaciones de propiedad que se amparan bajo este Decreto-Ley.

Tengo el convencimiento de que esta omisión de los Lineamientos no fue un involuntario “olvido”; tampoco se trata de demencia senil. No por casualidad la abrumadora mayoría de los cubanos ignora incluso la mera existencia de tales legislaciones, cuidadosamente preparadas para adobar el plato que vendrá listo y servido, aunque los comensales no lo hayan visto anunciado en la Carta. Peculiaridades estas de una sociedad que ha vivido demasiado tiempo entre las intrigas de astutos conspiradores y las falsas bondades de la democracia socialista.

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El trabajo por cuenta propia, ¡otra vez!

por Karina Gálvez Chiú

Otra vez la legalización del trabajo por cuenta propia despierta ilusiones… y decepciones. A veces se cansa uno de animarse y desanimarse casi instantáneamente por la misma razón por la que se animó. Es ya costumbre en Cuba. Pero tan bien conocemos el proceder de las autoridades cubanas, que podemos decir como escuché a un amigo hace algún tiempo: no son prejuicios, sino experiencias. Este trabajo por cuenta propia, tal como está concebido, no salvará la economía cubana y mucho menos mejorará las condiciones de vida de los ciudadanos.

La nueva lista de trabajos por cuenta propia promueve la ilusión en un sector importante del pueblo cubano porque el trabajo por cuenta propia está en el mismo ser humano como parte de su condición y principalmente en los cubanos que tenemos un especial espíritu emprendedor. Además porque es el reconocimiento de un derecho que parecía perdido por enésima vez en esta isla. No podría ignorarse que también representa un oxigenador a una economía doméstica que es intolerantemente precaria. Y porque, a pesar de todo uno cree que va a ser posible vivir mejor.

Pero inmediatamente después de ilusionarnos surgen preguntas y constataciones que nos bajan el ánimo y provocan la decepción. La lista de trabajos que es posible realizar por cuenta propia legalmente es verdaderamente ofensiva. El espíritu emprendedor de los cubanos no puede encerrarse en una lista donde el más rentable de los negocios es un pequeño restaurante (paladar) con un máximo de 20 capacidades. Ni mencionar otros trabajos, sin dudas honorables pero también primitivos, solo como para vivir en la economía de la caverna como: forrador de botones, dandy o carretillero. Las figuras de parejas de baile, dúos o grupos musicales son específicamente con nombres propios: parejas de baile Benny Moré o dúo Amistad. No sabemos qué significa exactamente: si uno quiere dedicarse al baile por cuenta propia, ¿debe llamarse “Pareja de baile Benny Moré” para ser legal? Resulta que el pueblo cubano se enfrenta después de 52 años de sacrificarse para construir el sistema social más justo del mundo a una situación de precariedad y de despidos masivos nunca esperada ni concebida en la mente de los que creen que el Estado cubano es el padre protector que siempre ha anunciado. Y el Estado se enfrenta a la imposibilidad de resolver esta situación. O mejor dicho: a la imposibilidad de resolver esta situación sin perder su poder económico absoluto.

Comoquiera que no está dispuesto a ello, el Estado cubano ha autorizado los nuevos negocios con mucha reserva. Los trabajadores por cuenta propia han surgido como un “mal necesario” para el actual sistema económico cubano. Se dice que como remedio para los despidos masivos que ya se están efectuando en las empresas estatales. No creo que el gobierno piense que haciendo estos trabajos de la lista publicada alguien pueda suplir, no digamos el salario, sino la seguridad que representa un empleo legal. Debemos tener en cuenta además que muchos trabajadores compensan su salario con lo que “resuelven” en sus empresas: recursos, facilidades para usar un servicio, prebendas para ellos y sus amigos. Al perder el empleo en Cuba se pierde más que un salario. No es con trabajos como estos, de la época medieval en su mayoría, que puede aplacarse el descontento y el desconcierto de quedar desempleado en un sistema donde hay un único empleador.

Por eso, después de conocer la información dada, comprobamos que la posibilidad legal no es la real.

La verdad es que para hacer un cambio en Cuba, por más superficial que este sea, se necesita más que disposiciones legales. Se necesita la creación y acomodo de un escenario distinto de relaciones económicas que permitan el éxito del trabajo por cuenta propia. Para que el trabajo por cuenta propia sea posible y verdaderamente fructífero (aunque sea en pequeña escala por ahora) se necesitan condiciones para las que el Estado cubano no ha anunciado ninguna estrategia.

¿Qué haría falta para que el trabajo por cuenta propia sea una posibilidad real y viable en Cuba?

  1. Se necesitaría crear una infraestructura de mercado mayorista.

“Lo óptimo es un mercado mayorista con precios diferentes para ellos. Pero eso no lo vamos a poder hacer en los próximos años”.

Marino Murillo Jorge. Ministro de Economía
Granma, 24 de septiembre 2010

Es evidente que no se facilitará el acceso de los cuentapropistas a los productos. Será necesario adquirirlos en el mercado minorista, con iguales precios para el que compra productos en cantidades solo para el consumo, que para los que invierten en grandes cantidades.

Esto, por supuesto, influye en los precios y en la ganancia del cuentapropista.

Pero lo más grave es que el mercado minorista en Cuba está casi desabastecido de los productos necesarios para el consumo. ¿Cómo podrá abastecer a la masa de trabajadores por cuenta propia que podría generarse?

  1. Sería necesario e importante la articulación de una infraestructura de financiamiento

“…se analiza con el Banco Central de Cuba cómo hacer viable la posibilidad de que quienes decidan incorporarse al trabajo por cuenta propia puedan acceder a un crédito bancario para echar a andar la actividad escogida”

Granma, 24 de septiembre 2010

Es risible que para trabajos por cuenta propia como los publicados en la lista del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, sea necesario solicitar créditos. Resulta evidente para cualquiera la falta de recursos con que vive el cubano medio. No obstante, sí se necesita la posibilidad de obtener créditos que agilicen y dinamicen los cambios que se esperan con la nueva apertura al trabajo por cuenta propia. Porque se necesitan ahora y porque esperamos que puedan usarse en un futuro con fines de ampliación de los negocios.

Pero la falta de seguridades para trabajar por cuenta propia entorpecerá la posibilidad de crédito. Hacer viable el acceso a crédito bancario es un mecanismo ya creado y experimentado desde el surgimiento de los bancos centrales y comerciales, hace tiempo. El problema no es el mecanismo sino las circunstancias. Un trabajador por cuenta propia que se mantenga expuesto a perder el negocio en cualquier momento por la necesidad de estar en la ilegalidad no clasificará para crédito bancario. A no ser que el BCC establezca estándares de crédito muy flexibles y esté dispuesto a asumir un riesgo que no se puede calcular sin un gran margen de error. Lo que a largo plazo perjudicará la economía nacional tal como perjudicó la economía mundial recientemente la mala política crediticia.

  1. Sería necesario el establecimiento de impuestos justos, pagables.

Ya están publicados los mecanismos de imposición, una de las informaciones más esperadas por los interesados. Los impuestos continúan representando una carga excesiva para los cuentapropistas. Es manifiesta la voluntad de que el trabajador por cuenta propia, obtenga ingresos poco superiores a un trabajador estatal que entrega solo su fuerza de trabajo sin arriesgar nada. Los impuestos casi extinguieron el floreciente trabajo por cuenta propia de los noventas. Gracias a la carga que representaban, cerró un gran porciento de negocios. Con lo publicado sobre los nuevos tipos impositivos creo que no pasará mucho tiempo sin que cierren los primeros que abran y que la cifra de los que empiecen sea significativamente menor que la del año 1994.

La obtención de fondos, producto de los impuestos, es uno de los objetivos del gobierno cubano al estimular la realización de trabajo por cuenta propia. Por tanto, también perjudicará el trabajo por cuenta propia, el hecho de que el Estado no obtenga la cifra de recaudación por concepto de impuestos que espera.

  1. Sería necesario un sistema viable de control de ingresos y gastos.

Esta fue una de las principales debilidades del sistema anterior de impuestos. Y las condiciones para que esto no mejore, están creadas. Los trabajadores por cuenta propia actuales tienen ingresos e incurren en gastos muy difíciles de controlar. Las fuentes de materia prima y de mercancías son en su mayoría ilegales (se obtienen en el mercado negro) y resulta imposible utilizar las legales porque no existen o porque las que existen son caras y constituyen una carga insoportable para los negocios.

Hasta el momento no se han establecido mecanismos de control de gastos e ingresos eficientes ni suficientes. Entonces la política fiscal intentará ser lo más recia posible, sin tener una base informativa confiable. Y volverá a acabar con el trabajo por cuenta propia.

  1. Sería necesaria la ampliación del mercado interno

Mientras los extranjeros que invierten en Cuba pueden hacerlo en grandes negocios, la discriminación para los nacionales también se manifiesta y con mucha fuerza, en la economía. El trabajo por cuenta propia legalizado no abarca actividades de grandes e importantes réditos para los cubanos. Basta consultar la mencionada lista para convencerse de esto. No obstante, algunos pueden tener la suerte de obtener ganancias importantes por oportunidades y ventajas especiales de lugar, momento, habilidades. ¿En qué invertir ese dinero en Cuba? No se puede ampliar el negocio (las listas son restringidas al mínimo), no se puede comprar una vivienda, no se puede adquirir un automóvil, no se puede viajar libremente. El dinero pasará de mano en mano y será poco más que el trueque de mercancías de los primeros años del comercio prehistórico. Si el dinero va a circular solo entre trabajadores por cuenta propia, al nivel en el que se establece por ley, el desarrollo económico cubano no se vislumbra en el horizonte.

Claro que los que obtengan dinero en cantidades medianamente importantes intentarán elevar su nivel de vida por la izquierda. Pero estaremos siempre expuestos a la aplicación de la “ley maceta” (aún vigente).

La ampliación del comercio debe incluir a privados y estatales en igualdad de condiciones. Poco tiempo se necesitará en Cuba para contar con un mercado amplio y diverso, trabajando en condiciones normales.

Después de la decepción.

Naturalmente, al constatar esta realidad y, a lo mejor, otras no mencionadas aquí, uno se desanima. Es muy probable que de los que se ilusionen al principio, solo un porciento pequeño lleve a la práctica su negocio por cuenta propia. Pero me inclino a pensar que no. Ojalá que no. Ojalá que, como ha sucedido en otras ocasiones, a pesar de los pesares, surjan nuevos trabajadores por cuenta propia. Ojalá que logremos que la decepción no nos frene y copemos los pequeños espacios con pequeños negocios que siempre son más eficientes que los grandes negocios estatales con quienes se enfrentan, en desventaja, en una competencia desigual. La perseverancia ha salvado muchas veces a la nación cubana de sucumbir a la calamidad. Trabajar por cuenta propia es un derecho económico basado en el derecho natural de iniciativa privada, de conseguirse la supervivencia con los esfuerzos propios.

Si hay una cerca que limita el ejercicio de este derecho, empujarla serena pero firmemente, no más que con el ejercicio serio y constante del mismo, es legítimo y necesario.

No se trata de trabajar por cuenta propia aceptando pasivamente todas las condiciones absurdas que lo restringen. La nueva legislación del trabajo por cuenta propia solo tiene de novedoso la contratación de mano de obra. No representa en lo absoluto un signo de apertura voluntaria. Pero es un paso que el gobierno cubano se ha visto forzado a dar y pudiera ser la grieta económica que rompa el dique del sistema totalitario, si no cedemos a la tentación de conformarnos y no intentar abrirla cada vez más.

Cada vez que ganemos en grados de libertad personal en el aspecto económico, ganaremos en grados de libertad personal en todos los órdenes y necesitaremos más y mayores libertades que estaremos en la necesidad y en la obligación moral de exigir para nosotros y para los demás.

Con esto estaremos contribuyendo a convertir lo que en Cuba se ha querido llamar “trabajo por cuenta propia”, en el ejercicio libre de la iniciativa privada; lo que se ha llamado “timbiriches”, en respetables microempresas y lo que se ha llamado “cuentapropistas”, en pequeños empresarios privados. En fin, estaremos contribuyendo al nacimiento de una economía de mercado abierta, eficiente, solidaria y subsidiaria.

Esto es realmente lo único que salvaría la economía cubana: libertad de iniciativa económica, con la consideración de las leyes del mercado, con una apertura verdadera a la inversión interna y externa, con la eficiencia como principio, buscando igualdad de oportunidades.

Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968)

Licenciada en Economía. Profesora de Finanzas
Fue responsable del Grupo de economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Vive y trabaja en Pinar del Río.

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Cuba: ¿un nuevo modelo económico?

por José Antonio Quintana de la Cruz

Se ha puesto a circular, para su discusión pública, el proyecto de lineamientos de la política económica y social que discutirá el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba. Hay quienes opinan que no contiene nada nuevo, que no propicia cambios sustantivos y que es más de lo mismo pero matizado con tonos que han sido impuestos por el desempleo masivo y la crisis; que son modificaciones coyunturales de salvamento. Parece que visto desde expectativas fundadas más en deseos que en apreciaciones sobrias de la realidad esto puede ser cierto. Pero a mi no se me ha ocurrido nunca que el partido comunista vaya a discutir en un congreso la abolición del socialismo y la transición hacia una economía de mercado capitalista.

 

Un análisis objetivo del documento revela que el mismo contiene novedades sustantivas. Pero es necesario definir qué es novedoso. Para este redactor novedoso es todo lo que aparece en el proyecto y que no existía o no se permitía en el modelo que se intenta superar o modificar; o actualizar, como prefiere decir el discurso oficial. De acuerdo con este criterio el veinte por ciento de los lineamientos contiene novedades que pueden inducir cambios en el funcionamiento o en la cualidad del sistema. El ochenta por ciento restante propone rectificar insuficiencias e imperfecciones de larga data.

 

Es evidente que el documento propone una diversificación y ampliación de las relaciones de propiedad, las que en términos marxistas constituyen relaciones de producción. Se reconoce el derecho a la existencia de pequeñas empresas en diversos sectores de la economía, sin límites en la contratación de personal en las mismas. Aparecen las figuras de arrendador, arrendatario y contratista. Se amplía el área de acción de las cooperativas al transporte, el comercio y otros sectores, en tanto que se les otorgan libertades y prerrogativas de que carecían y sin las cuales serían una ficción.

 

El hecho de que puedan concurrir, producir y vender, amparados por la ley, propietarios individuales y asociados; de que se creen empresas para abastecerlos e importar lo que demanden, junto con el otorgamiento de créditos a los mismos por parte de los bancos; el hecho de que estas empresas privadas se relacionen mercantilmente con las empresas estatales y con la población, crea un mercado, embrionario e imperfecto, pero mercado que ya no será la variable reprimida de la economía sino una necesaria y jurídicamente protegida.

 

Lo anterior es nuevo en Cuba. A mi entender, este experimento social, repone el viejo debate sostenido entre Von Mises y Oscar Lange acerca de la posibilidad de realizar un cálculo económico real y eficiente en una economía socialista. Como se sabe, Lange creía que el mercado regulado y subordinado a la planificación haría posible el cálculo económico en el socialismo. Von Mises aseveraba que era imposible porque el socialismo era un error humano. China ha aportado experiencia al debate teórico. En el gran país asiático hay un socialismo de mercado en el cual se realiza un eficiente cálculo económico y en donde el carácter socialista está más vinculado a las formas de distribución diseñadas por el partido y el estado que por la estructura de propiedad con la que se produce.

 

Pero los lineamientos en discusión no plantean un socialismo de mercado en Cuba sino socialismo con mercado. Este, según el proyecto, será un socio minoritario en la empresa social y estará subordinado a la planificación que continuará siendo la forma principal de movimiento de la economía y sus relaciones de producción. Una planificación que, dicho sea de paso, para que pueda dejar de ser ineficaz en el sentido de no garantizar proporcionalidad y equilibrio en la economía, deberá cuidarse de no ser totalitaria y autoritaria, y sí flexible, coordinadora y cooperadora, y con reservas.

 

El reto a que se enfrenta la planificación cubana es grande no solo porque deba conciliar los métodos de prospección estadísticos y las estrategias de escenarios estatales con las señales de precios emitidas por el mercado, sino porque las libertades, es decir, el grado de autonomía que el proyecto de lineamientos otorga a las empresas del estado, las convierte en sujetos económicos generadores de decisiones y responsables de su éxito o fracaso. Según el proyecto, a las empresas estatales no se les podrá imponer un plan, ni podrán ser intervenidas sus ganancias, ni el estado podrá inmiscuirse en su administración directamente. Se supone que el partido tampoco.

 

Las empresas estatales con pérdidas sostenidas serán liquidadas. Esto también es novedoso. Pero debe definirse cuánto tiempo implica “sostenidamente”.

 

El lineamiento número tres, que prohíbe la concentración de la propiedad sin mencionar excepciones, contradice el veintinueve que la autoriza en las cooperativas, el que a su vez contradice el veintiséis. Tal vez sean contradicciones intencionadas, dirigidas a promover la discusión. Ojalá.

 

La prohibición de la concentración de la propiedad puede estar dirigida a impedir la formación de oligarquías, lo que en Rusia fue desastroso. O puede estar encaminada a proteger la libre concurrencia, favoreciendo la competencia y sus benéficos efectos en los precios y la calidad de los productos, así como en la creación de puestos de trabajo en una sociedad que tanto los necesita. Si existiera la motivación de estorbar por esa vía la concentración de la producción privada y con ello la reproducción del capitalismo según la escuela leninista, entonces se estaría condenando a priori a ese sector de la nueva economía al estancamiento.

 

Pienso que si todo lo que indican o sugieren los lineamientos se hace, la economía de Cuba será más sólida y eficiente. El problema es que los cubanos están acostumbrados a acordar maravillas, a discursear con argumentos y lógica, y luego a hacer las cosas violando y burlando, velada o descaradamente, lo que se acuerda o dice. Es una corrupción de la costumbre de ser serios y asumir compromisos con responsabilidad, unida a la generalizada indisciplina social de la que no escapa nadie.

 

Concluyendo, los lineamientos proyectados proponen un modelo de economía socialista planificada con presencia de empresas estatales, cooperativas y privadas con predominio de las primeras y en la cual funciona un mercado regulado en que intervienen todos los tipos de agentes económicos permitidos por la ley. Puede gustar o no este modelo, pero no es más de lo mismo. Desata fuerzas reprimidas hasta ahora. Introduce variables de cualidades inéditas. Emplea medidores de eficiencia y control que se miraban con ojeriza ideológica. Crea espacios para el ejercicio de la libertad y responsabilidad empresarial. Y tiene defectos y limitaciones que sus promotores han solicitado criticar. Es lo que hago: ser constructivo.

 

 

 

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Cambios en Cuba: pocos, limitados y tardíos (Parte 2)

por Oscar Espinosa Chepe

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨, Nelson Mandela

Como señaláramos en la primera parte, los propósitos del gobierno cubano son realizar modificaciones que le permita remontar la actual crisis, cada día más aguda, pero sin perder el control absoluto mantenido sobre la sociedad durante decenios. Objetivo imposible de lograr, debido a la acumulación de los problemas existentes, que no sólo son económicos y sociales, sino que abarcan la política, los valores éticos, la identidad nacional, la demografía, el medio ambiente y otros.

Las autoridades pretenden evitar las ¨concentraciones de riquezas¨, como ha reconocido el periódico Granma, y que los ciudadanos al alcanzar la libertad económica deseen obtener la libertad política en una Cuba democrática. Eso se aprecia en la implantación de un elevado sistema tributario implantado al nuevo sector emergente, mucho más severo y limitante que el existente para las empresas estatales y las mixtas con capital extranjero. Ejemplo de ello está en el impuesto por la utilización de la fuerza de trabajo que pagarán los trabajadores por cuenta propia, del 25,0% del salario de los trabajadores contratados, considerándose como remuneración mínima pagada a cada trabajador contratado ¨el monto equivalente a un salario medio mensual, incrementado en un 50,0%¨. Se considera como salario medio mensual el vigente en cada provincia y el Municipio Especial Isla de la Juventud, en el ejercicio fiscal anterior, reconocido por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

En caso de contratarse más de 10 y hasta 15 trabajadores, se contempla como remuneración mínima pagada a cada trabajador el monto equivalente a dos salarios medios mensuales; y de contratarse más de 15 trabajadores, el monto equivalente a tres veces un salario medio mensual. Con ello, y otros obstáculos, el Estado muestra su propósito de impedir el crecimiento del trabajo por cuenta propia y el surgimiento de pequeñas y medianas empresas (PYMES).

A esto se une que los gastos que podrán deducirse de los impuestos sobre los ingresos personales como máximo, y solo en el caso de los elaboradores y vendedores de productos alimenticios y transportadores de carga y pasajeros, podrán ser hasta un 40,0% de los ingresos obtenidos en el año. En otras actividades, los gastos permitidos a deducir tendrán un porcentaje inferior, llegando en algunos oficios hasta únicamente el 10,0% de los ingresos anuales.

Otro ejemplo de las intenciones de limitar la iniciativa individual es la forma como se cobrará el impuesto sobre los ingresos personales. De acuerdo a las ¨Normas¨, se determinarán por la suma de todos los ingresos devengados menos los gastos deducibles permitidos. Para la determinación de la base imponible, se deducen además de los ingresos declarados los tributos pagados y el porciento por concepto de los gastos necesarios de la actividad de acuerdo a la siguiente escala progresiva:

UM: PESOS

INGRESOS NETOS ANUALES %

Hasta 5.000.00 Exento

El exceso de 5,000.00 hasta 10,000.00 25

El exceso de 10,000.00 hasta 20,000.00 30

El exceso de 20,000.00 hasta 30,000.00 35

El exceso de 30,000.00 hasta 50,000.00 40

El exceso de 50,000.00 50

Como puede observarse a partir de 50 000 pesos (2500 US dólares), existe una alta carga tributaria que unida a la existente para el pago por la utilización de fuerza de trabajo hará prácticamente imposible la capitalización indispensable para el crecimiento de los nuevos negocios. A esto se une la obligatoriedad de la contribución a la seguridad social, con el pago del 25,0 % de una base de contribución seleccionada por la persona en cuestión, en una escala que va de de 350 a 2000 pesos. La creación de una red de protección económica para los cuentapropistas es en principio algo positivo, pero resulta cuestionable el carácter compulsivo de la medida, mucho más cuando comienza a nacer el sector privado en un contexto sin la debida preparación y con grandes dificultades de todo tipo.

A los frenos tributarios descritos y la carencia de un mínimo mercado mayorista donde los cuentapropistas pudieran comprar legalmente los productos necesarios para realizar sus actividades, se suman barreras administrativas tendientes a limitar el tamaño de los negociones y evitar el supuesto enriquecimiento de las personas. Así las capacidades de los restaurantes no podrán exceder a 20 comensales, ni las barberías a un numero pequeño de sillones, cuando lo que requiere urgentemente la economía nacional es alentar a los ciudadanos emprendedores, así como centros de trabajo prósperos y eficientes donde sean creados a la mayor velocidad posible puestos de trabajo para dar empleo a las personas que próximamente serán masivamente despedidas y que, a la medida que se desarrollen, contribuyan a la riqueza del país con el aumento del pago de impuestos que sirvan para el financiamiento de las necesidades sociales.

Continuará…

La Habana, Noviembre 17 de 2O1O

Oscar Espinosa Chepe

Economista y Periodista Independiente

www. Reconciliacioncubana.com

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Cambios en Cuba: pocos, limitados y tardíos (Parte 1)

por Oscar Espinosa Chepe

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨, Nelson Mandela

Con la publicación oficial de los instrumentos legales para la Implementación de la política sobre el ejercicio del trabajo por cuenta propia y los procesos de reducción de plantillas infladas y, posteriormente, del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social para aprobar en el VI Congreso del Partido Comunista a celebrarse en abril de 2011, el gobierno ha brindado elementos que ratifican que sus ideas para salir de la crisis se basan en medidas parciales e insuficientes, que no solucionaran los graves problemas existentes en Cuba.

Cuando se leen detenidamente esos documentos, se evidencia el propósito de realizar tardíos y pequeños cambios para mantener lo que en realidad constituye la fuente real de los problemas: un sistema absolutamente disfuncional y un régimen totalitario que ha llevado la nación al más completo desastre y a la incierta dependencia de factores externos. Esos documentos denotan que los cambios que se quieren hacer son para que en esencia todo siga igual y se garantice el poder omnímodo y los privilegios detentados por un grupo de personas durante 51 años, sin importar los crecientes sufrimientos de la población.

Esos documentos soslayan la verdadera génesis de los problemas y exponen medidas que se quedan a mitad del camino, llenas de limitaciones y prohibiciones. Repiten otras anteriores como la entrega de tierras en usufructo o el pago por resultado a los trabajadores, implementadas sin tener en cuenta una concepción integral de la economía. Los resultados de la entrega de más de un millón de hectáreas de tierra no han logrado el incremento de la producción agropecuaria, sino todo lo contrario. Hasta el 30 de septiembre de 2010, la caída ha sido del 5,1%, sin incluir el desastroso comportamiento de la producción cañera.

Todo debido a que el estrecho tutelaje estatal ha quedado intacto, bloqueando y desalentando las capacidades productivas, mientras Cuba continúa comprando en el exterior el 80,0% de los alimentos de la canasta básica. Similar ocurre en el ámbito salarial con el pago por resultado, al no eliminarse la excesiva burocratización en el sistema empresarial y sin garantizarse el fluido suministro de abastecimientos a los centros de trabajo, ni existir una correspondiente organización laboral.

Ahora se quiere impulsar la restructuración laboral, que abarcará el despido de 500 000 trabajadores en su primera etapa a finalizar en abril de 2011; el 10,0% de la fuerza de trabajo empleada. El proceso continuaría hasta completar 1,3 millón de persona, el 25,0% del total. Según la concepción gubernamental tendrán la opción de ser ubicados en la construcción y la agricultura, o dedicarse al cuentapropismo que ahora se pretende ampliar. Indudablemente la reorganización de la fuerza de trabajo en Cuba es indispensable. Resulta imposible organizar los centros de trabajo con las plantillas infladas que no permiten incrementar la productividad, la eficiencia, la disciplina, y mucho menos el salario para que motive al trabajador, en un país donde equivale a 21 dólares aproximadamente como promedio mensual, según datos oficiales, y reconocido por el Presidente Raúl Castro ¨como insuficiente para poder vivir¨.

Sin embargo, el proceso de racionalización, demorado por tantos años, se quiere hacer de forma muy rápida ahora, sin la preparación adecuada para que pueda tener éxito ni la organización para que en un plazo tan breve se pueda reubicar una cantidad tan grande de trabajadores.

Reconocidos expertos, con cargos oficiales importantes durante muchos años, han señalado sus preocupaciones por tan amplio desempleo, cuando no se basa en un estudio técnico de organización del trabajo, y, como el Dr. Sc. Lázaro González Rodríguez, exviceministro del trabajo publicó en un blog de internet ¨el 90,0% de las normas de trabajo son elementales. Las empresas y demás entidades, en su inmensa mayoría, no han realizado durante los últimos años, estudios de organización del trabajo y, por tanto, cualquier balance de cargas y capacidades es erróneo…durante los últimos 20 años no se han preparado técnicos en organización del trabajo ni se le ha prestado atención a esta disciplina¨.

En ese escenario se plantea efectuar la racionalización con ¨comisiones de expertos¨, compuestas por 5 o 7 personas, elegidas en asambleas en los centros de trabajo, con el evidente propósito de responsabilizar a los trabajadores del complicado proceso de racionalizar la fuerza de trabajo, cuando se trata de una tarea que compete totalmente a la administración.

Las condiciones para recibir una cantidad tan grande de desempleados no se han preparado convenientemente. Ni siquiera existe un mercado mayorista para abastecer a los cuentrapropistas, por tanto no tienen dónde comprar los insumos en condiciones razonables para realizar las producciones y prestar los servicios. Por consecuencia tendrán que adquirirlos en las caras tiendas de venta en divisas o en el mercado negro que seguramente se ampliará ante la falta de previsión del Estado. Todo esto está unido a altas tasas de impuestos, en un país donde durante decenios fueron suprimidos todos los mecanismos tributarios, por lo que no hay una cultura al respecto.

El colmo de la falta de preparación del proceso se aprecia en contradicciones entre las decisiones tomadas para ampliar el cuentapropismo y artículos de la Constitución, que no ha sido reformada. Indudablemente, el anuncio del 1 de agosto por el General Raúl Castro de que se permitiría contratación de fuerza de trabajo por las personas decididas a ejercer el trabajo independiente es positivo. Sin embargo, no se ha modificado el Artículo 21, que establece: ¨Se garantiza la propiedad sobre los medios e instrumentos de trabajo personal o familiar, los que no pueden ser utilizados para la obtención de ingresos provenientes de la explotación del trabajo ajeno¨. Asimismo, cuando se despiden 500 000 personas, sin totales garantías de un trabajo honrado, se choca con el Artículo 45: ¨El trabajo en la sociedad socialista es un derecho…lo garantiza el sistema económico socialista, que propicia el desarrollo económico y social, sin crisis, y que con ello ha eliminado el desempleo….¨.

Continuará…

La Habana, 17 de noviembre de 2010

 

Oscar Espinosa Chepe

Economista y periodista independiente

www.reconciliacioncubana.com

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