¿Un olvido involuntario?

Por Miriam Celaya González

El Proyecto de lineamientos del PCC destinado a ser el soporte de los “debates” del VI Congreso (abril de 2011), ha resultado ser una agenda que destaca especialmente por sus relevantes omisiones. Sorpresiva e informalmente anunciado en medio de las cada vez más claras señales de agotamiento del sistema socialista cubano, el muy postergado congreso parece lanzar en los referidos lineamientos, más que una guía temática para el cónclave, una lamentable señal de auxilio incapaz de ofrecer siquiera la ubicación exacta del naufragio para los que decidieran hacer un eventual rescate. Eso, y ciertas perversas intenciones, parecen insinuarse en su texto.

Mucho se ha escrito en los medios a propósito del Proyecto de Lineamientos; fundamentalmente en espacios alternativos y en el exterior de la Isla. La prensa oficial, como vocero del régimen, y los “simpatizantes” de acá dentro, por su parte, compiten a porfía en sus apologías triunfalistas de siempre, aunque en general no logren imprimir el necesario hálito de credibilidad a su entusiasmo. Los eufóricos panegiristas han descubierto un nuevo tipo de periodismo: la carcajada lúgubre; y habrá que entenderlos, porque no resulta fácil asirse a la realidad miserable de Cuba y a un lamentable montón de infinitivos encerrados en un folleto para imaginar el futuro luminoso que –de sobra lo sabemos ellos y nosotros– nunca nos ha de llegar de la mano de este sistema.

Pero, más allá de las exclusiones ex profeso y de la ausencia de participación ciudadana en su concepción –habida cuenta de la inexistencia en Cuba de libertades y derechos propios de sociedades democráticas–, habría que ver las propuestas de los lineamientos más por las intenciones que no confiesan que por sus ínfulas de salvadoras-del-socialismo-la-patria-la revolución. A mí, en lo personal, todo el folleto de marras me sugiere aquella botella o ánfora al estilo Mil y una Noches, de la que saldrá el genio –esta vez invocado por el General Raúl– y convertirá de golpe y porrazo a toda la Isla en la misma hacienda, pero esta vez parcelada en feudos que deberán atender y poseer señores feudales primorosamente ataviados de verde olivo, quienes continuarán manteniendo relaciones de vasallaje con el reyezuelo heredero y su enajenado hermano mayor. Huelga decir que los siervos de la gleba seguirán siendo también los mismos. Es solo una imagen novelada que, de seguro, tiene muchísimos capítulos ocultos.

Sin embargo, existe una omisión que me resulta extremadamente significativa, y es la del Decreto-Ley Número 272 (Gaceta Oficial No.033 Ordinaria de 13 de agosto de 2010, Año CVIII. Web: http://www.gacetaoficial.cu), que entre sus Disposiciones Finales establece que “A los fines de ampliar y facilitar el proceso de participación de la inversión extranjera en el turismo internacional, resulta conveniente modificar algunas de las regulaciones sobre el Derecho de Superficie, de manera que brinde mayor seguridad y garantía al inversionista extranjero en los negocios inmobiliarios, en función del desarrollo sostenible del país y de la economía nacional.” Y a tales efectos dicta el Decreto-Ley Número 273, en el que se modifican los artículos 221 y 222 del Código Civil, correspondientes a la Ley No. 59 de 16 de julio de 1987. Es así que el Artículo 222 de la referida Ley quedó redactado de la siguiente forma:

ARTÍCULO 222.1.-El derecho de superficie puede concederse por un término de hasta noventa y nueve años. 2. Cuando el derecho a que se refiere el apartado anterior se otorgue por un período inferior puede ser prorrogado hasta dicho término, en virtud de la solicitud formulada por el titular, antes de la fecha de su vencimiento. 3. El Estado puede entregar también en derecho perpetuo de superficie terrenos de propiedad estatal mediante el pago del precio correspondiente, a empresas o sociedades mercantiles nacionales, para la construcción de viviendas o apartamentos dedicados al turismo.

Lamentablemente, no puede decirse que la asombrosa cultura de la que alardea el pueblo cubano incluya la cultura jurídica. Aquí la población se aburre, se atolondra y hasta se asusta cuando se le habla de leyes y de derechos. Es algo con lo que ha contado siempre el gobierno y que le pone en condiciones de “legitimar” cualquier movimiento de acomodo a su favor. Antes de discrepar, quienes se sientan ofendidos por este criterio solo deben recordar, por solo citar algún ejemplo, que el programa del Moncada incluía la restauración de la Constitución de 1940, suspendida –también a su conveniencia– por Fulgencio Batista tras el golpe de estado de marzo de 1952; que ya en el año 1960 Fidel Castro declaró “cumplido el programa del Moncada” sin haber restablecido la Constitución y no fue sino hasta 1976 que se implantó una nueva Carta Magna para Cuba, después de haber barrido con toda la institucionalidad que se había creado a lo largo de la República, a fin de legitimar todas las transformaciones revolucionarias inconsultas. De todas formas, la nueva legalidad tuvo un carácter meramente formal pues el país continuó hasta hoy dirigiéndose (que no gobernándose) por puros caprichos hormonales del dictador. En definitiva, los cubanos estuvieron 24 años en pleno siglo XX sin Ley Fundamental que refrendara sus derechos y hasta el momento actual padecemos de una espeluznante orfandad legal, debido a que tampoco tenemos instituciones que nos amparen al margen del Gobierno.

Es por esto que, entre las muchas omisiones del Proyecto de Lineamientos, nadie parece haber reparado en que –si bien hay una tímida referencia al Decreto-Ley 259, que otorga a los campesinos tierras ociosas del Estado, en usufructo por un plazo de diez años– no hay ni la menor mención al Decreto-Ley que pone a potenciales empresarios extranjeros en la extraordinaria ventaja sobre los nacionales de arrendar por 99 años territorios cubanos; una especie de Enmienda Platt de nuevo tipo: la Enmienda Castro, ya que es el propio gobierno de la Isla el que, olvidando sus socorridas perretas por la devolución de los territorios de Guantánamo “ilegalmente ocupados por el imperialismo yanki”, legaliza la entrega de territorio nacional a arrendatarios extranjeros (incluyendo a esos propios imperialistas), lo cual no sería real ni necesariamente una medida de signo negativo si no fuera por la persistente exclusión de los cubanos de su beneficio.

El punto 3 del referido Artículo 222.1 también refrenda el derecho perpetuo de terrenos de propiedad estatal, previo pago de su valor, a “empresas o sociedades mercantiles nacionales, para la construcción de viviendas o apartamentos dedicados al turismo”. Todos sabemos en manos de quiénes están esas empresas o sociedades en Cuba. Naturalmente, sería muy incómodo para los octogenarios jerarcas explicarle a la masa subordinada por qué las libertades económicas de los cubanos comunes se limitan a la producción de viandas y hortalizas por una década en una pequeña parcela o al negocito de timbiriches para la supervivencia, mientras los malvados capitalistas (extranjeros) pueden construir hoteles en nuestro propio territorio y tener el privilegio de 99 años de arriendo –lo que, según el viejo discurso oficial, compromete seriamente la soberanía nacional–, y mientras la nueva clase gerencial-militar tiene franquicias incluso de propiedad sobre terrenos hasta ahora estatales. Más difícil aun sería armonizar estas prebendas con la renuencia oficial a reconocer las relaciones de propiedad que se amparan bajo este Decreto-Ley.

Tengo el convencimiento de que esta omisión de los Lineamientos no fue un involuntario “olvido”; tampoco se trata de demencia senil. No por casualidad la abrumadora mayoría de los cubanos ignora incluso la mera existencia de tales legislaciones, cuidadosamente preparadas para adobar el plato que vendrá listo y servido, aunque los comensales no lo hayan visto anunciado en la Carta. Peculiaridades estas de una sociedad que ha vivido demasiado tiempo entre las intrigas de astutos conspiradores y las falsas bondades de la democracia socialista.

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2 respuestas a ¿Un olvido involuntario?

  1. Asi mismo!:Enmienda Platt estilo Castro,neocolonialismo y neoliberalismo estilo Castro.Esto es Gobierno y religion de los senhores feudales ultraconservadores y ultracontroladores que utilizan todo su arsenal de artimanhas,trucos y mentiras con el fin de gozar de manera perpetua de “las mieles del poder”.Revolucion… de marcha atras!

  2. Joan Sierra dijo:

    No es solo de pan que se vive, sino tambien de tristezas, sinsabores, odios, arrebatiñas y despropositos, lo dicho, toca particularmente a los cubanos, todo lo que hace el neogobierno español de la siempre fiel, abusa muy en serio del hombre cubano, no cabe dudas que los Castros I y II son españoles nunca piensan como cubanos, sino como virreyes españoles. hasta ahi las clases lo demás es charlataneria.

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